Enamorados de La Habana

¡Hola a todos! Inauguro mi blog en este nuevo proyecto personal y profesional con el objetivo de tener aquí un espacio propio en el que poder contaros mis inquietudes, aficiones, cómo es el día a día en mi trabajo, y muchas cositas más que espero os gusten. Entre esas ‘cositas’ está una de las que me vuelven loca: viajar.

Por ello, y como “homenaje” a uno de los destinos que más me han cautivado, inicio mi aventura bloggera con nuestro viaje a La Habana y Varadero (Cuba).

Fue amor a primera vista. Sospechábamos que algo así podía ocurrir, como cuando ves una fotografía de esa persona que un amigo quiere presentarte y tienes un pálpito positivo previo a conocerle que luego resulta dar en el clavo. Pues sí, aquí hicimos un pleno al 15. Nos enamoramos de La Habana.

Emprendimos el viaje a finales del mes de agosto de 2017 mi marido, mi cuñado Jose, y mis grandes amigos Saray y Javi. Mi marido, Juan, siempre ha sido un apasionado de Cuba y he de decir que el viaje no defraudó. Elegimos esas fechas porque el precio era un poquito inferior una vez pasado el ecuador del vacacional mes de agosto, y cogimos un combinado La Habana-Varadero en una agencia de viajes cercana a nuestra casa, en Guadalajara capital (Guadalajara, España, claro). En un principio nuestra idea era planificar el viaje por nuestra cuenta, pero la economía nos hizo decantarnos por esta opción que nos ofrecía tres noches en la capital y cuatro en Varadero. Al final, nos arrepentimos de esta decisión. Pero eso os lo cuento dentro de unas cuantas líneas ????

Después de un vuelo en avión de unas nueve horas, con juegos comunes, películas, y charlas de lo más diversas, llegamos al humilde aeropuerto de La Habana, cuyas instalaciones ya anunciaban lo que íbamos a encontrar en esa encantadora, pero decadente ciudad. Traslado ameno en autobús al NH Capri, a un paso del popular Malecón, un hotel que recomendamos, con piscina en la terraza desde la que podíamos ser testigos del atardecer sobre La Habana. Si estáis buscando alojamiento, no os lo penséis dos veces, el NH es buena elección.

Después de un paseo por el Malecón en pleno Carnaval con un precioso arcoíris de fondo, tocó una cena en un restaurante cubano típico que estaba cerca de nuestro hotel, y a descansar. Al día siguiente teníamos una tarea fantástica, la de descubrir el rincón con más encanto de Cuba: La Habana.

Fue Fidel (el conductor) quien nos guió por nuestro primer recorrido en uno de los coches antiguos característicos de esta isla, que otorgan aún más carisma y encanto a esta ciudad. Muertos de calor emprendimos el viaje parando en puntos como el majestuoso Capitolio o la Plaza de la Revolución, que es una de las más grandes del mundo con más de 70.000 metros cuadrados. En ella, recomiendo las vistas desde el Memorial José Martí.

A posteriori, nos dirigimos a la zona de La Habana Vieja y caímos rendidos a sus pies – y lo de rendidos es casi literal porque después de varias horas en aquel coche a pleno sol nos faltó poco para caer… pero desmayados-. Recorrer las calles de La Habana Vieja es algo que sé que volveré a hacer alguna vez en mi vida, y la próxima será con más calma y con más días para dedicarle. La desventaja de los viajes combinados es que, como en cualquier escapada, descubres lo que quieres sobre la marcha, y si lo que quieres es cambiar tu siguiente parada, no lo sabes hasta que estás ahí. Apenas pudimos disfrutar de las bondades de La Habana y ya teníamos que marcharnos a Varadero. Una pena. Sin embargo, nuestra aventura desde la capital cubana no acabó aquí. En el tercer día, ni cortos ni perezosos, decidimos dejarnos llevar por un coche antiguo no, lo siguiente, hasta el pueblo de Viñales, del que habíamos leído cosas muy positivas. Pues no sabemos si fue el viaje de casi tres horas sin aire acondicionado en pleno agosto, o el habernos quedado con más ganas de La Habana Vieja, pero Viñales lo habríamos tachado de nuestro planning. Si tenéis días para recorrer, es perfecto, -eso sí, en una minivan con todos los accesorios modernos que facilitan la supervivencia- pero si vais justitos de tiempo, mejor exprimir vuestro paso por La Habana. Nosotros nos quedamos con ganas de más.

Cerca del pequeño pueblo de Viñales pudimos contemplar el Mural de la Prehistoria, una pintura impresionante diseñada por Leovigildo González Morillo, uno de los discípulos del artista Diego Rivera, marido de la archiconocida Frida Kahlo. Esto fue quizás lo más llamativo de esta escapada. También estuvimos en una plantación de tabaco, en la que nos mostraban el proceso de elaboración de los famosos puros habanos. La verdad es que, a pesar de la duración infinita de aquel viaje de ida y vuelta, supimos aprovechar nuestro paso por esta zona de Cuba.

Lo peor fue la vuelta. Asados de calor, en un coche que no pasaba de los 80 km/h, e intentando dar alguna “cabezadita” sin suerte por los consiguientes baches y frenazos del camino. Y así durante tres horas. Eterno. El coche, muy bonito, sí, pero, como diría mi abuela: “una y no más, Santo Tomás”. Atardecer y baño de “re-oxigenación” en la piscina de nuestro hotel, cenita en La Habana y a preparar maletas. Próximo destino: Varadero y alrededores.

Y digo alrededores porque he de reconocer que mantenernos cuatro días en Varadero se nos hacía bastante aburrido, sobre todo a los más “activos” del grupo, por lo que durante este tiempo no solo disfrutamos de la playa paradisíaca de la zona -aunque las islas Baleares no tienen nada que envidiarle-, sino también del pueblo y de otros rincones cubanos, como Matanzas, uno de esos sitios a los que volvería sin dudarlo.

Mientras nuestro amigo Javi se quedaba en el hotel Iberostar Varadero disfrutando de sus servicios varios-que no es que fueran excesivos, todo hay que decirlo-, nosotros cenamos un par de noches en Varadero pueblo, que es bastante turístico. Además, decidimos alquilar el traslado en minivan -aprendimos la lección del transporte a Viñales- hasta Matanzas, un lugar encantador. 100% recomendado si lo que queréis es conocer esos sitios que representan con veracidad lo que es Cuba y sus gentes. Con gusto un buen guía os dejará en los mejores puntos de este pueblo que tiene bastante para ver.

 

Desde nuestro hotel en Varadero realizamos una excursión que nos permitía pasar el día en Cayo Blanco incluyendo la actividad de esnórquel en mar abierto. Nos gustó mucho. Mis compañeros de viaje se pusieron ciegos a base de langosta -plato típico de Cuba- y pudimos nadar en una playa maravillosa. La vuelta en barco fue con coreografía incluida por parte de todos los excursionistas. ¡Muy divertida y bien organizada!

Nos despedimos de Cayo Blanco y, un día después, de Varadero, con la añoranza de querer conocer mejor la isla de Cuba y sus gentes, y la pereza del regreso sabiendo de buena tinta que la rutina estaba a la vuelta de la esquina esperándonos de brazos abiertos.

Aunque ya hayan pasado meses desde esta escapada, Cuba es uno de esos destinos mágicos que se hace cada vez más presente en la memoria, uno de esos recuerdos que crecen con el paso del tiempo. Solo tenemos clara una cosa: Volveremos, Habana.

 

Beatriz Tabarés

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